Sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado (SIBO)

¿SUFRES DE SIBO? EL SOBRECRECIMIENTO BACTERIANO EN EL INTESTINO DELGADO QUE PUEDE ARRUINAR TU CALIDAD DE VIDA

por | Dic 6, 2023 | 0 Comentarios

El sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado (SIBO, por sus siglas en inglés) se identificó hace décadas como causa de mala digestión y malabsorción. Recientemente ha adquirido una gran trascendencia por su relación con patologías no sólo intestinales, sino sistémicas: endocrinas, neurológicas, hepáticas, etcétera.

En este artículo vamos a explorar las causas de este proceso que, sin la menor duda, puede arruinar la calidad de vida de quienes lo sufren, además de ser el origen potencial de otros problemas de salud más serios.


QUÉ ES EL SIBO


El sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado es una disbiosis ocasionada por la presencia de un exceso de bacterias colónicas en el intestino delgado. Este desequilibrio de la microbiota provoca molestísimos síntomas a nivel gastrointestinal que, efectivamente, arruinan la calidad de vida de quienes lo padecen, como son:

👉Dolor abdominal.

👉Distensión abdominal.

👉Flatulencia.

👉Dispepsia.

👉Diarrea y, en ocasiones, malabsorción.

No todos los investigadores están de acuerdo con el nombre elegido, pues existe un cuadro clínico muy similar que es desencadenado por arqueas y no por bacterias. Tal vez sería más pertinente denominar al conjunto de síntomas intestinales como «Síndrome de crecimiento de microorganismos en el intestino delgado», de modo que incluyera el cuadro producido por arqueas, incluso el debido a la proliferación excesiva de cándidas.


CAUSAS DEL SOBRECRECIMIENTO BACTERIANO EN EL INTESTINO DELGADO


El SIBO se asocia con trastornos gastrointestinales y sistémicos como la dispepsia, la enfermedad inflamatoria intestinal (EII), el síndrome de intestino irritable, la enteropatía diabética, enfermedades del tejido conjuntivo, síndrome de asa ciega, enfermedad celíaca, intolerancias, etcétera. No debe inferirse que estos trastornos relacionados sean la causa del SIBO, pues podría ser al revés: que el SIBO se encuentre en la raíz de estas enfermedades.

En cualquier caso, se consideran factores de riesgo y en ocasiones coexisten con el SIBO, retroalimentándose. Una intolerancia, por ejemplo, puede haber sido originada por un SIBO, y una vez establecida favorecer el sobrecrecimiento bacteriano y perpetuarlo. 

Aunque puede afirmarse que las causas son múltiples y complejas, su origen puede sintetizarse en una frase: fallo de los mecanismos de defensa.

El ser humano cuenta con una serie de mecanismos que lo protegen del sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado. Estos son:

✔️El ácido gástrico.

✔️La bilis.

✔️Las enzimas digestivas (proteolíticas, principalmente).

✔️El peristaltismo intestinal.

✔️La IgA secretora (sistema inmunitario intestinal).

✔️La válvula ileocecal.

Cuando estos mecanismos defensivos fallan, el intestino queda expuesto a un crecimiento excesivo de bacterias. Profundicemos un poco en cada uno de ellos.

 

Sobrecrecimiento bacteriano del intestino delgado


ÁCIDO GÁSTRICO, BILIS Y ENZIMAS


Los ácidos gástricos, la bilis y las enzimas destruyen y digieren las bacterias, actuando como una barrera protectora frente a la colonización del intestino. Cuando la producción se reduce, la estrategia de defensa falla.

La escasa producción de ácido gástrico o hipocloridria puede deberse al consumo crónico de ciertos medicamentos (inhibidores de la bomba de protones y antiácidos), la infección por Helycobacter pylori, el estrés crónico, la deficiencia de zinc y ciertos trastornos autoinmunes, etcétera.

Aunque un flujo reducido de bilis puede ser causado por enfermedades serias, no siempre es así. Algunos medicamentos, como los anticonceptivos, así como ciertos antibióticos y antiácidos, pueden ocasionarlo. A la medicina le encanta hallar factores orgánicos o lesionales que expliquen todo trastorno y pasan por alto las importantes alteraciones funcionales. En personas “sanas” puede producirse menos bilis en el hígado y una deficiente expulsión de bilis por parte de la vesícula por razones que deben buscarse en el estilo de vida y la alimentación. La vesícula biliar perezosa (discinesia biliar) es un ejemplo de ello.

La insuficiente producción de enzimas proteolíticas puede deberse a sobrecarga digestiva crónica, el estrés crónico, las intolerancias y otras enfermedades como la celiaquía y la EII.


PERISTALTISMO INTESTINAL


Dentro de los tipos de movimientos peristálticos del intestino destacamos el complejo motor migratorio (CMM), una pauta de motilidad cíclica que se inicia en el estómago y continúa en el intestino delgado durante el ayuno. Su función es la limpieza periódica del intestino de restos de alimentos y su evacuación al colon.

Un ciclo completo de este patrón de motilidad dura unas 4 horas. El consumo de alimentos inhibe la actividad del CMM e interrumpe el ciclo peristáltico. Por tanto, cuando las personas no dejan transcurrir al menos 4 horas entre una comida y otra, la limpieza intestinal no se lleva a cabo con éxito. La reciente moda de comer menos cantidad, pero más veces al día, detiene los movimientos peristálticos cíclicos orquestados por el CMM, favoreciendo así la translocación retrógrada de bacterias (paso de las bacterias del colón al intestino delgado) y constituye, por tanto, una causa del SIBO.

Otras causas que pueden producir la alteración de la motilidad intestinal y promover el SIBO son el estrés crónico, algunas enfermedades autoinmunes y secuelas de intervenciones quirúrgicas.


IgA SECRETORA


La mayor parte del sistema inmunitario se encuentra en el intestino y nos protege de la elevada carga antigénica que recibimos cada día procedente de la dieta y las bacterias. El tejido linfoide produce un tipo de inmunoglobulina, la IgA, que es la más abundante en la mucosa intestinal (80-90%) y constituye la primera barrera defensiva contra las toxinas y la colonización de microorganismos patógenos.

Por tanto, las personas con sistemas inmunes deprimidos son más proclives a sufrir una proliferación bacteriana excesiva en el intestino.


VÁLVULA ILEOCECAL


Existen alteraciones anatómicas que afectan a la válvula ileocecal (válvula separa el intestino delgado del grueso) y permiten el reflujo de la microbiota colónica hacia el íleon del intestino delgado. Algunas de estas anormalidades estructurales son de origen desconocido (eso nos dicen), como la diverticulosis del intestino delgado; y otras son debidas a la Enfermedad Inflamatoria Intestinal y a intervenciones quirúrgicas.

 

Picotear entre comidas y SIBO

No picotees entre comidas. Deja al menos 4 horas entre una comida y otra.


OTRAS CAUSAS


Merece la pena recordar de nuevo que el estrés, en particular el crónico, es un factor causal de primer orden, por cuanto reduce las secreciones digestivas y la motilidad intestinal.

Los tratamientos prolongados con antibióticos, corticoides y opiáceos, así como el consumo de alcohol tienen su parte en el origen y desarrollo de SIBO.


SÍNTOMAS DE SOBRECRECIMIENTO BACTERIANO EN EL INTESTINO DELGADO


En general, las manifestaciones clínicas del SIBO incluyen malestar abdominal con digestión pesada, hinchazón abdominal, flatulencia y diarrea. Lo cierto es que el signo que más molesta a los pacientes es la hinchazón abdominal, que en muchos casos arruina completamente la calidad de vida. En ocasiones se produce esteatorrea y pérdida de peso por malabsorción. Más raramente, deficiencia de vitamina B12.

No obstante, el cuadro clínico varía en función del microorganismo invasor.

Cuando son bacterias: 

1.- La hinchazón abdominal aparece inmediatamente después de haber comido.

2.- Se presenta diarrea.

3.- Tendencia a perder peso.

En cambio, si existe un sobrecrecimiento de arqueas:

1.- La hinchazón abdominal se produce horas después de comer. 

2.- Existe estreñimiento.

3.- Tendencia a aumentar de peso.

No siempre un sobrecrecimiento bacteriano del intestino delgado se manifiesta clínicamente. Se ha observado SIBO en personas aparentemente sanas. Esto sucede porque los síntomas digestivos aparecen cuando las toxinas y enzimas de las bacterias colonizadoras dañan el epitelio intestinal desencadenando procesos inflamatorios


¿POR QUÉ EL SIBO PUEDE OCASIONAR ENFERMEDADES MÁS GRAVES?


Muchos investigadores consideran el daño de la mucosa intestinal como el nexo de unión entre el SIBO y las enfermedades sistémicas más graves.

El daño del epitelio intestinal puede provocar una permeabilidad intestinal aumentada. Cuando esto sucede, el intestino permite el paso al torrente sanguíneo de un exceso de moléculas potencialmente dañinas. El sistema inmunitario detecta estas «moléculas intrusas», las considerra antígenos dañinos y desencadena una reacción inmune que desemboca en procesos inflamatorios a nivel sistémico.

Está inflamación sistémica mantenida en el tiempo se conoce como inflamación crónica de bajo grado, problema de salud que se esconde detrás de numerosas enfermedades penosas, algunas crónicas y degenerativas, tales como la diabetes mellitus, aterosclerosis, hipertensión arterial, enfermedades cardiovasculares, trastornos del estado de ánimo (depresión), …


CÓMO SE DIAGNOSTICA UN SIBO


El diagnóstico de sospecha se realiza a través de los signos y síntomas presentes en el paciente.

Cuando el diagnóstico sintomático apunta a un posible SIBO, habitualmente se realiza un test de gases espirados (test del aliento) tras la administración lactulosa o glucosa. Si la producción de gas hidrógeno es rápida, indicará la presencia de un sobrecrecimiento bacteriano. En cambio, si se exhala metano y más tardíamente, los microorganismos presentes en exceso en el intestino serán las arqueas.

El test de aliento tiene una considerable tasa de falsos negativos, por lo que el diagnóstico definitivo es el aspirado por endoscopia digestiva alta y su posterior cultivo. Sin embargo, debido a su naturaleza invasiva y elevado coste de tiempo y dinero, constituye un método poco empleado.

No te pierdas el siguiente artículo sobre el tratamiento natural del SIBO


REFERENCIAS CIENTÍFICAS

 

Jan Bures, Jiri Cyrany, Darina Kohoutova, Miroslav Förstl, et Al.  (2010). Small intestinal bacterial overgrowth syndrome. (Aquí). 

Andrew C. Dukowicz, Brian E. Lacy, y Gary M. Levine. (2007). Small Intestinal Bacterial Overgrowth. (Aquí).

Sobre Frank Pérez

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